Reflexiones tras un año de haber renunciado sin un plan B

Fue la mejor decisión que pude haber tomado. Era profundamente infeliz en ese trabajo, quería hacer otras cosas, pero tenía mucho miedo por la inseguridad financiera que eso me generaba.

Hoy caí en cuenta en que ese trabajo no era la única forma en la que yo podía ganarme la vida. He tenido mis altibajos, pero era como estar en una relación tóxica: hay que darse cuenta de que hay más peces en el mar, y hay que salir de ahí.

Probé una psiquiatra nueva. Mi psiquiatra anterior es excelente profesional, pero yo no tenía la confianza de contarle con total sinceridad cómo me sentía y qué estaba pasando en mi vida. Me daba como vergüenza hablarle de mis proyectos, se me había metido en la cabeza que me juzgaría si no encajaba en lo que en mi mente era una persona con cordura (todo en mi mente).

Con la nueva psiquiatra subimos la medicación (trileptal). Ha sido lo mejor, me ha hecho sentir muy bien. No es que el otro psiquiatra no hubiera intentado eso, es que yo no le hice caso. Yo no quería sentirme mejor y tener que dejar la baja de salud y volver a ese trabajo.

Me siento más fiel a mí misma.

Me queda la duda de si, de haber subido la medicación antes, me hubiera quedado en esa empresa…. Pero prefiero las cosas como pasaron.

Tengo pendiente disculparme con los lectores de este blog por un artículo donde hablaba de la idea de dejar la medicación y transitar un brote psicótico para trascenderlo y curarme. Ahora pienso diferente. Hacer algo así sería demasiado duro para mí, y probablemente no terminaría en cura…. ¿Por qué tener la terquedad y rebeldía contra la medicación? Si he comprobado que me facilita la vida, ¿por qué sentir como si tomarla fuera “hacer trampa” por poner mi vida emocional en modo fácil? ¿Qué tiene de malo que sea fácil y llevadero?

A veces me gustaba ese drama emocional, y quería la experiencia de navegar una tormenta y llegar a puerto tranquilo por mi propio mérito, pero ya no. La medida correcta de la medicación me está permitiendo realizarme. Antes del cambio estaba deprimida y no me había dado cuenta. Podían pasarme las oportunidades delante y tampoco me daba cuenta…. Veía que todo iba mal y no veía salida.

No me encanta que la medicina occidental se ocupe de los síntomas y te mantenga medicado de por vida en lugar de darte una solución permanente. Pero es lo que hay, y en este momento he decidido mi bienestar. Y escribo esto y la rebeldía quiere salir. Pero no, quiero estar bien.

Uno de los motivos para yo procurar mantener dosis no tan altas de medicación es que, si la subo mucho, dejo de ser funcional. Y tampoco quiero eso.

En estos últimos meses estoy viviendo un momento profesional hermoso: emprendí, tengo un par de proyectos que me encantan, estoy disfrutando mi día a día, gestiono mi tiempo.

Lo no tan bueno: he descuidado el ejercicio físico, la alimentación y el sueño. Me recuperaré! Tengo el ánimo para eso.

Hace días quería escribir aquí, porque tenía estas cosas que contar.

Mi relación de pareja también ha mejorado. Noté que había estado teniendo distorsión en mi percepción de él y nuestra relación. Ya hay armonía otra vez.

Bueno, les cuento estas cosas sin sacar conclusiones generalizadas para todos los bipolares. Sólo exponiendo mi estado y forma de pensar en esta época de mi vida.

¡Gracias por leer!

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